Día 20

Hoy ha pasado el vigésimo día de cuarentena, la forzosa desde que en España se decretase el Estado de Alarma el día 14 de marzo, más 3 días que nos auto-impusimos.

Los sentimientos, he de decir, son cada vez más extremos, pasando de la tranquilidad al desasosiego a velocidad de vértigo. Estoy intentando aislarme un poco de muchas fuentes de información, para no saturarme y poder dormir un poco por las noches pero es, quizás, lo que más me esté costando de toda esta historia. No por la cuarentena en sí, que la estamos llevando bastante bien, sino porque no soy capaz de gestionar todo lo que me llega desde los medios de comunicación, grupos de Whatsapp, mi familia, amigos… y en ocasiones me tomo mal el que en ámbitos en los que quizás debería primar el esparcimiento, el humor y la desconexión, me lleguen historias alarmistas (ya sean ciertas o bulos) y penas de diversa índole. Luego me doy cuenta de que el problema soy yo dada la situación. Creo que, mentalmente, estoy sobrepasado. No soporto más malas noticias, malos augurios, previsiones nefastas, peligros imprevistos. Soy consciente de lo que tenemos encima de la mesa y lo que está por llegar, pero en mi círculo cercano no ha habido casos graves por ahora, por lo que sólo puedo sentirme afortunado, muy afortunado.

La semana del 16 de marzo estuve con dolor de piernas, tos improductiva, garganta irritada, ligera carga en el pecho, y 38-38.5 ºC de fiebre. Tuve síntomas leves, y creo que pueden casar con la enfermedad que provoca el virus SARS-CoV-2, también llamada COVID-19, y que tantos estragos está causando. En mi caso estaría dentro del 70-80% que no desarrolla una enfermedad grave. Nunca sabré si estuve infectado porque no se están realizando los tests masivos necesarios para saberlo. Llamé al 900 102 112, línea habilitada especialmente para temas relacionados con el coronavirus y me hicieron una serie de preguntas para intentar diagnosticarme por teléfono. La chica que me atendió me dijo que casaba con la enfermedad y que me daban de alta en un fichero para hacerme un seguimiento. Me llamaron después un par de veces en días distintos para ver cómo iba, y saber cuándo superaba la enfermedad que, repito, no sé si fue COVID-19.

¿Por qué insisto en los tests masivos como, por ejemplo, está haciendo Corea del Sur? Parece lógico que una de las claves para frenar una epidemia en su fase inicial de contención es el hacer muchos tests para localizar a personas infectadas y así aislarlas, a ellos y a sus contactos, de manera efectiva. Corea del Sur adquirió experiencia en el brote que tuvo de MERS allá por 2015 [1], y que les hizo diseñar protocolos muy específicos para contener epidemias en sus fases iniciales, y así evitar el colapso sanitario. Han implementado este protocolo para esta pandemia de SARS-CoV-2 [2] mediante anticipación, cerrando espacios públicos en las principales ciudades cuando tenían aún muy pocos casos, puestos drive-through para toma de muestras para analizar a todo el que lo requiera, y seguimiento mediante una aplicación móvil, y utilizando GPS, de la cuarentena a quien lo tenga estipulado (sólo los que hayan dado positivo en las pruebas, hayan tenido contacto con un positivo o tengan síntomas a la espera del resultado). Además hay que tener en cuenta también el carácter del ciudadano surcoreano, responsable y concienciado con estas situaciones, y la transparencia de los organismos públicos que arrojan todos los datos de que disponen. Estos dos últimos asuntos, en España, es lo que veo más complicado de abordar.

Todo esto le ha permitido a Corea del Sur el poder seguir con la mayor parte de su actividad social y económica, no sin perjuicios, claro, pero limitando en gran medida su impacto. Espero que aprendamos para el futuro, y cuando se repita un escenario similar seamos previsores a todos los niveles: político, social, económico, tecnológico y sanitario. En mi opinión, no ha sido el caso esta vez.

En medio de un drama de esta magnitud, de una tragedia sin precedentes desde hace varias generaciones, incluso entonces, estamos obligados a obtener cosas positivas y aprovecharlo en beneficio propio. En una conferencia que tenemos todos los domingos un grupo de amigos ha sido recurrente el tema de cómo en estos tiempos la mente cambia la perspectiva que tenemos de la vida a una velocidad inusual, convirtiendo un proceso que, en condiciones normales, llevaría meses, años, una vida entera, en una transformación que dura días. Todos vamos a aprender muchas cosas valiosas durante este tiempo que estamos viviendo. Y no digo agradables, digo valiosas porque aprender no es siempre un proceso grato, pero se produce inevitablemente por la fuerza de los acontecimientos. Algunas que se me han ocurrido son conocer el valor de lo sencillo, de un abrazo de tus padres, tus hermanos, tus amigos; la necesidad de ser previsor y ahorrar ciertos recursos para malas épocas; la importancia de no estar solo y del calor de una familia; lo efímero que es el bienestar, la tranquilidad, la estabilidad; la fragilidad del ser humano; la bondad y la maldad connatural de muchas personas… Muchas de ellas son susceptibles de ser desarrolladas en posteriores posts, y unos cuantos borradores descansan a la espera.

Acabo con un mensaje de esperanza, de que todo esto, como todas las catástrofes, pasará. En un tiempo lo veremos lejano, la tranquilidad y la estabilidad volverán, y todo el poso de sabiduría que esto haya depositado en nosotros será una ganancia más valiosa que las penurias que podamos haber pasado.

Enlaces de interés

[1] El número de casos por el coronavirus MERS en Corea el Sur alcanza los 150 https://elpais.com/internacional/2015/06/15/actualidad/1434376496_775149.html

[2] El método de Corea del Sur para vencer al coronavirus: de 909 casos diarios a 74 https://www.lavanguardia.com/vida/20200316/474191370262/coronavirus-corea-del-sur-metodo.html

Razonar en tiempos revueltos

Voy a aportar mi visión de todo lo que está ocurriendo en el mundo, más concretamente en Madrid, España. No va a ser, seguramente, muy distinta de lo que ya conoce la mayoría pero necesito desahogarme de alguna manera, y dado que tampoco quiero añadir ansiedad a mis seres queridos, utilizo este medio que siempre ayuda. Por tanto, aviso: esto no es una entrada para tranquilizar a nadie y tampoco para alarmar, por supuesto, sólo una visión más, puede que distorsionada o demasiado realista.

Cuándo tomé conciencia de lo que estaba y aún, en este momento, está por llegar, no lo sé con claridad.

Por poner rápidamente en antecedentes sobre lo ya conocido, en la prensa mundial el asunto empezó a ser público a principios de enero, si no recuerdo mal. Tras las primeras muertes, ya el 22 del mes tenían la ciudad del origen del brote, Wuhan (China), cerrada a cal y canto [1]. Desde aquí lo vimos como algo exótico y con la idea de que aquí no iba a llegar porque estaba allí contenido, incluso habiendo ya casos puntuales en países de la zona o incluso Australia y EEUU. Tampoco quedaba claro cuál era la virulencia y mortalidad que provocaba el virus, muchos medios lo vendieron como una gripe, como que los chinos son así de raros y estrictos. Primer error.

El primer caso en España fue en las Islas Canarias allá por finales de enero [2], y entonces aún lo vi muy lejano. Un caso importado en las Islas lejos de la Península fácilmente controlable y eliminable. Un poco antes estuve investigando sobre el virus muy por encima. Al ser un virus nuevo, la información científica que recavaban los medios era un poco difusa y ambigua, pero parecía que la virulencia y capacidad de contagio entre humanos eran algo mayores a la gripe común. Este virus, además, se contagiaba durante el período de incubación [3] que podía ser inusualmente largo. Ya aquello empezó a hacer preguntarme cosas y de si en China realmente no estaban exagerando, pero aún no veíamos ningún peligro viendo incluso cómo de fácilmente se estaba diseminando por el mundo. Las comparaciones con la gripe común seguían siendo constantes. Segundo error.

Creo que, personalmente, no he sido consciente de la magnitud del problema hasta que en Italia se han ido precipitando los hechos y, a través de los medios y fuentes cercanas, ha llegado la información con cristalina claridad, hará casi 2 semanas. Sí, puede provocar neumonías graves en personas mayores o con patologías previas (mínimo número de casos de no mayores en los que no se detectaron patologías previas), pero la gripe común, en una medida ligeramente inferior, también [4]. El gran problema al que se enfrentan las sociedades a nivel mundial es al hecho de que la altísima velocidad de contagio, en conjunto con la virulencia algo mayor a la de la gripe, provoca el colapso del sistema sanitario que no puede abordar la atención requerida por el alto número de casos graves y muy graves que se dan en un espacio corto de tiempo. Para añadir complicaciones el tiempo medio de resolución es de 2 a 3 semanas, tiempo que un caso necesitado de UCI va a tener bloqueados esos recursos. En Italia llevan ya unos días haciendo triaje en las UCI [5], lo que significa que un paciente mayor a cierta edad o con cierta gravedad en su pronóstico es descartado. Esto equivale a dejarlo morir. Es algo tan dramático que no crees que pueda estar pasando ahora mismo, aquí al lado, y que llegará a España en breve de manera ya inevitable.

Teniendo algo más de 1 semana de diferencia entre el nivel de contagios que tiene Italia, y los que tiene España, aquí aún no se han tomado ciertas medidas que tarde o temprano será necesario tomar. Hoy mismo el Gobierno de España ha decretado el Estado de Alarma, que supone, a grandes rasgos, que se limitan los movimientos de personas, salvo para casos de estricta necesidad, hay que someterse a aislamiento domiciliario forzado. Ya estos días de atrás se han ido adoptando medidas de cierre de centros educativos y de establecimientos públicos de todo tipo (sin anunciarlo conjuntamente con medidas económicas excepcionales, que sería otro tema a tratar), exceptuando mercados y farmacias. El espacio aéreo y toda la red de transportes, a día de hoy, continúan abiertos. Esto, Italia, ya lo ha cerrado, pero aquí lo estamos demorando. Tercer error.

Habría sido necesario, para parar la epidemia en España, cerrar fronteras y adoptar medidas serias de contención mucho antes, y aquí, con 6.400 casos y 195 muertos contabilizados en este momento, seguimos con las fronteras abiertas y mucha gente hoy aún estaba en parques y de paseo. Hace sólo 7 días se organizó una manifestación de 120.000 personas y toda suerte de actos multitudinarios.

Tuit de Mathew Bennett del 15 de marzo de 2020 a las 0:42

Razonando, puedes esperar que nuestra situación va a ser peor que la de Italia.

Hay países que, aplicando estas medidas restrictivas de las que hablo en este momento y concienciando a su población de por qué deben aislarse cuanto antes, podrían tener un nivel de contagios quizás asumible por su sistema sanitario, cada minuto cuenta. Ayer una amiga argentina médica anestesióloga, me enviaba una foto de una sala de espera de un hospital allí llena de gente. Ella es consciente, pero quien está en una sala de espera en un hospital habiendo casos confirmados y sabiendo lo que pasa aquí no lo es, y allí aún están en una fase inicial, con sólo 45 contagios contabilizados oficialmente en este instante.

Ayer, por primera vez, que yo recuerde, no pude dormir en toda la noche y hoy voy por el mismo camino. No soy de preocuparme por situaciones que no se han dado aún, pero esta desborda todo lo imaginable. Nos estamos enfrentando a territorio desconocido, tanto en cuanto a lo científico, social y económico, como a lo psicológico. Dando vueltas a lo que estamos haciendo para «combatir» la epidemia y cómo todos esperamos que se resuelva en unos dos meses, en el mejor de los casos, fui un poco más allá y pensé en el después. ¿Hay una estrategia de salida, como plantea el gran John Müller que pego aquí contestando a un tuit mío?

No consigo ver más allá, nada me dice que no vuelvan los brotes masivos. Hay que abrir fronteras, volver al trabajo, volver a relacionarse, ¿qué va a haber cambiado entonces? El virus no puede ser erradicado completamente siendo ya parte de una pandemia y no contando con vacunas. No siendo virólogo, creo que es fácil de ver. ¿Vamos a volver a este colapso? Tampoco se ha hablado demasiado de la posibilidad que tiene de volverse endémico con las consecuentes mutaciones y su dispersión por el hemisferio norte y sur de manera violenta con los cambios estacionales. ¿Dependemos de las vacunas que puedan, al menos, aliviar la virulencia y no provoquen un colapso en las Urgencias? Si no se consigue desarrollar una pronto, ¿qué va a suceder?

Me van a perdonar las divagaciones, que suelen aportar más inquietudes que una explicación concreta del problema, puede que fruto de la presión psicológica y emocional a la que estoy sometido. Como decía al principio, mi objetivo era desahogarme y escribirlo me ayuda mucho. Si han llegado hasta aquí se lo agradezco.

Después de todo esto, no sé cuándo será, volveremos a otra normalidad. No la que teníamos, sino otra distinta, ya que considero que lo que ya ha ocurrido, está ocurriendo y aún ha de ocurrir, va a ser un reset en toda regla. Cuídense mucho y, sobre todo, cuiden a sus poblaciones de riesgo, y si en sus países aún están a tiempo, guárdense y promuevan la anticipación, porque es imparable.


Enlaces de interés

[1] China aisla Wuhan y dos ciudades más por temor a la expansión del coronavirus: https://theobjective.com/china-aisla-wuhan-y-dos-ciudades-mas-por-temor-a-la-expansion-del-coronavirus/

[2] Primer caso de coronavirus en España: un paciente da positivo en La Gomera: https://www.20minutos.es/noticia/4138164/0/primer-caso-de-coronavirus-en-espana-un-paciente-da-positivo-en-la-gomera/

[3] El español que busca la vacuna del Covid-19 en EEUU: «No vamos a poder parar el virus»: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2020-03-05/espanol-coronavirus-covid19-vacuna_2482907/

[4] Coronavirus o gripe: síntomas, mortalidad y otras diferencias: https://www.elperiodico.com/es/sanidad/20200306/coronavirus-gripe-sintomas-mortalidad-diferencias-7877082

[5] Médicos italianos «obligados» a priorizar en la UCI a pacientes con mejores posibilidades: https://es.euronews.com/2020/03/13/medicos-italianos-obligados-a-priorizar-en-la-uci-a-pacientes-con-mejores-posibilidades

Fotografía de cabecera: 🇨🇭 Claudio Schwarz | @purzlbaum on Unsplash 

Relativo

Odio la relatividad de la distancia
Del no tenerte aún estando al lado
Del ver que me miras pero no te fijas
Del tender la mano pero no tocarte
Del amarte sin acusarte
Del amarte sin reclamarte

De tu dulce ignorancia de mi condición
Del fuego bajo el hierro retado a fundirse
Con el que forjar un estoque
Con el que defender tus luchas
O forzarme sin ti a abandonarlas
Forzarme sin ti a retirarme

Odio la inutilidad de este manifiesto
Mi conformismo con este elaborado pretexto
Mi incapacidad de resolver mi lamento
Que a tus ojos es breve y trémulo
Y tu silencio aviva y agrava
Pero en tu dicha consigue aliviarme

Odio no poder odiarte
Para acabar con el sinsentido
De lo relativo que es amarte
Sin tenerte
Sin mirarte
Sin saberme


Relato XV – El Final

Aprovechó que ella estaba absorta fotografiando el skyline desde aquella terraza, apartada del mundo real, bañada por brisas confusas, para pensar al mirarla sin que se diera cuenta si el amor es una tormenta que te cala los huesos, te aturde y te ciega, te azota con vientos que vuelan en círculos, capaz de una belleza incomparable y, en la misma medida, de un dolor indecible.

Pero no. No hay tormenta que 20 años dure.

Hay historias cuyo momento de finalizar no conoce ni quien las escribe, en las que la protagonista acabó su papel hace muchos capítulos pero el autor sigue escribiendo para sí mismo en un acto de ingenua cobardía.

Y al bajar de aquella azotea, bajar y enterrarlo en el sótano, quemarlo y dejar las cenizas a merced del viento, escribió su final.

Otra historia, por fin, empieza.

Soledad

«Literature is essentially loneliness. It is written in solitude, it is read in solitude and, in spite of everything, the act of reading allows a communication between two human beings.»

Paul Auster.

Paul Auster es uno de mis escritores contemporáneos favoritos. He intentado leerle siempre en inglés, para evitar el efecto «lost in translation», aunque ya sabemos que en España no es sencillo encontrar libros en inglés en las tiendas, que es cuando más ganas tengo de comprar libros. En casa no tengo ese impulso de compra.

La frase que menciono al inicio es parte de lo que siento al escribir, aunque Auster habla específicamente de literatura. Dice que «la literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, a pesar de todo, el acto de leer propicia una comunicación entre dos seres humanos». Va más allá de la obvia y necesaria soledad que experimenta alguien que escribe algo que no sea una misiva, dedicatoria, etc. Un texto dirigido abiertamente a un público indeterminado se escribe en estricta soledad.

No puede ser coincidencia que en la obra que he podido leer de Auster se respire ese aire de aislamiento voluntario al que se refiere en cada giro del argumento. Incluso tiene un libro titulado «La Invención de la Soledad» (1982) que habla sobre su retiro para meditar sobre la muerte de su padre. Sus personajes nacen de la soledad y su destino es la separación, el desamparo. Si hay una sensación vívida que experimento leyendo sus libros es la de melancolía que es, probablemente, lo que el escritor de Newark pretende transmitir.

Revisando mi blog se puede comprobar que he tenido épocas de mayor actividad y otras de nada en absoluto, incluso durante años. No es que, por capricho o azar, cualquier día sin más me siento a escribir. Es un proceso mucho más complejo del que, ciertamente, no soy consciente del todo, pero sí tengo ciertas pinceladas de qué es lo que estimula la inspiración necesaria para, al menos, tener ganas de escribir.

En mi caso, he detectado que la situación ideal que me empuja a escribir son los sentimientos intensos, cuando algo interrumpe la rutina de manera violenta, un golpe, un giro inesperado sobre algo importante, algo más o menos traumático pero eso sí, intenso. Por suerte o por desdicha, mi profesión no es la de escritor. No sé cómo podría encontrar facilidad de escritura con un contrato de por medio, un tiempo límite de entrega, con un contenido que, además, debería ser atractivo, interesante y ameno independientemente de cómo me sienta. Más para un estilo literario del tipo de la narrativa.

¿Es el escritor profesional una persona que vive permanentemente en la intensidad de sentimientos que le permita elaborar una obra decente? Suena a que es difícil. En mi opinión en ese momento es cuando entra en juego el talento y, aún así, estoy de acuerdo con don Arturo Pérez-Reverte que hace poco escribía en Twitter:

Una historia no se puede fabricar utilizando determinadas técnicas por muy preparado te consideres estar, no es resolver un problema matemático o demostrar una teoría científica. Hace falta el ingrediente indispensable de la inspiración cuya existencia, a mi juicio, no es algo que esté en la mano de nadie de manera consciente.

Fahrenheit 451

De manera similar a otras novelas distópicas clásicas, como «1984», o «Ensayo Sobre la Ceguera«, la novela de Ray Bradbury, «Fahrenheit 451» es imaginativa y siniestramente profética, a la par que muy rica en cuanto a recursos literarios complejos con pasajes de una lírica poco convencional.

Sus, aproximadamente, 180 páginas se leen tan rápido que al terminar uno tiene la sensación de haber leído una relato. Sin embargo, al pensar en su mensaje, su simbolismo, la fuerza de ciertos personajes en los que no se centra la novela, caes en la cuenta de que este texto tiene una densidad inusual y esa sensación de brevedad desaparece. 

No había leído este libro hasta ahora, y he de decir que me arrepiento en cierta manera. Cuando uno tiene en mente un texto escrito en 1953 sobre asuntos tan importantes como la libertad de expresión y de pensamiento, la cultura y el conocimiento, desarrollado utilizando un lenguaje en ocasiones poético, que hace fácil interiorizar la crítica que contiene, creo que tiene más fácil rebatir comportamientos como los que vemos hoy en día, donde lo que predomina es la corrección política contra la libertad de pensamiento que enriquece cualquier debate. 

Por ello, no me cansaré de utilizar citas de Clarisse McClellan, o de Granger, cuando me encuentre con la situación de la que hablaba antes. Ya no es sólo la post-verdad para vestir cualquier elemento cultural con el velo de lo políticamente correcto, como podemos leer a forma de ejemplo en esta noticia («Dicen que «La Gioconda» se burla de la estupidez del machismo»), sino una animadversión hacia todo lo que suponga inadmisible visto a través de la lente ética de hoy en día. Tenemos casos muy recientes que casi encajan a la perfección en la situación, hoy por hoy, considerada absurda de «Fahrenheit 451».

Montag, en mi opinión, aparte del hilo conductor de la novela, es sólo un recurso en torno al que presentar otros personajes que soportan todo el peso del mensaje que Bradbury pretende plasmar. Así, Mildred no es más que la representación del espectador indolente, sabe que hay cosas que están mal, pero no tiene la fuerza e ímpetu suficiente para denunciarlo o intentar cambiarlo y es capaz de cometer una traición con tal de no verse involucrada. Beatty es el ciudadano convencido y conformista, conservador si se quiere, con interés en continuar el statu quo de la época descrita. Clarisse primero, y Faber después, representan la nota discordante en la sombra, influyentes en la opinión de otras personas, pero sin capacidad para cambiar nada. Lo que, en un Estado ocupado por fuerzas totalitarias, sería la resistencia. Granger y sus compañeros, por último, son las víctimas del sistema, los exiliados, a la espera de tiempos mejores que les permita volver a la sociedad civil. 

Su lectura, sin duda, es necesaria. Hay muchos textos que contienen una crítica similar a la de «Fahrenheit 451», pero insisto en que la calidad literaria que ofrece no está al alcance de cualquiera de ellos. 

Relato XIV – La canción

No para de preguntarse cómo se titula. Compás suave, melodía dulce, letra melancólica, no es la primera vez que escucha la pieza. No puede recordar cuándo fue la última vez. Quizás sentado en la barra de un bar de grandes ventanales, atravesado por la oscuridad proveniente del exterior, desde donde voyeurs pasajeros absorben parte de su copa, y la vomitan al instante. Allí se lamentaba de su cobardía y apuraba los últimos instantes de una copa que haría rebosar su consciencia amarga, dañina.

Quizás la oyó sonar en aquel coche aparcado a la puerta de casa, que tan violentamente cerró aquella noche. Aun lloviendo entre fogonazos de clarividencia y estruendo de tiempos nuevos, tuvo la certeza de que somos un cúmulo de cicatrices que ningún maquillaje puede ocultar.

O posiblemente en ese breve momento en que miró al cielo oleoso de un crepúsculo frío, solitario y alejado de toda injerencia externa, y habló con alguien, o algo, que le hizo entender cómo funciona todo, para acto seguido no entender nada en absoluto. Esa fue una soledad pura, plena, no la que el día a día le brinda ataviado de una mampara imaginaria, una cotidianidad en la que centímetros se convierten en kilómetros, un roce en la piel es un punzón y una mirada dice menos que nada o más que lo deseable.

Las notas, como un psicotrópico, van lentamente modificando su percepción de la realidad, le convierten en algo que no es, en una proyección de sí mismo que no reconoce, un trance ineludible, de colores intensos con vida propia, que se mueven lentamente. Poco a poco deja que aquello le invada, no lucha, abandona la batalla, deja caer la muralla aún con el temor de que la ciudad caiga en el peor de los saqueos, temor que se torna certeza cuando siente una punzada en el estómago y una imagen del pasado, nítida, se presenta en su mente.

Un rostro difuminado, cuya melena se mueve con un viento que arrastraba las preocupaciones, y que pronto rescata de su memoria tirando de una cuerda que al otro lado sujeta un plomo de varias toneladas. Un conjunto de tonos apagados al fondo, y que poco a poco va engullendo el rostro, empequeñeciéndolo y alejándolo, hasta convertirse en un minúsculo punto. Para entonces la música ya le ha cambiado. Otra vez. Thunder Road, eso es.

Perseids

A Leonid meteor during the peak of Leonids in 2009

A Leonid meteor during the peak of Leonids in 2009

Shiny rain from the sky
Your sorrow falling on me

The proper signal to whom, you think
In your suffering will intercede

But a comet merely caress the atmosphere
Unless going straight to the ground
Where I hang around
Until I disappear

No vine para quedarme

 

No vine para quedarme
Aunque me fuera para volver

Regresar sin ser el mismo
Es como no haber vuelto jamás

Como aquel anochecer que vimos
Que sólo acontece una vez

El batir de mis alas y de la razón
Azotan el aire que dejo atrás

Una gota de agua camino del mar
Y el río que ves no es el mismo después

Quien amanece contigo
Quien vuela contigo
Quien baja contigo
No es espectador, sino juez

La resignación es un suicidio cotidiano (Honoré de Balzac)

Dijo Honoré de Balzac, escritor francés del s.XIX, que la resignación es un suicidio cotidiano.

Posiblemente, Honoré no disponía de mucho papel o tinta en aquel momento y por ello dijo tanto en tan pocas letras. O quizás valorara la fuerza de un mensaje breve pero con mucho contenido. ¿Qué quiso decir exactamente? Esta es mi opinión.

Le podemos dar un sentido más amplio, como «resignarse a vivir», amargarse la existencia y también uno más concreto, «resignarse ante dificultades concretas». Basemos, si les parece, el trasfondo de la frase, en el hecho de que la probabilidad de que algo que perseguimos, anhelamos o soñamos, se logre en un primer intento, suele ser muy baja, eligiendo, por tanto, el segundo sentido. Esto nos da dos posibilidades:

– aprender de lo que nos hizo fracasar e intentarlo de nuevo, corriendo el riesgo de experimentar nuevos fracasos sufriendo así notables menguas en la paciencia, el tesón y la capacidad para afrontarlo de nuevo. En este caso la sensación que padecemos es la de inseguridad, pero como contrapartida es posible que recibamos el premio que nos esperaba al final del trayecto. Hemos de comprender que, normalmente, haciendo lo mismo se consiguen los mismos resultados. Para el mismo sistema, cuando las variables obtienen el mismo valor, el resultado es invariable. De manera que algún ligero retoque de nuestro plan se hace indispensable. No del objetivo, sino del modo a utilizar para alcanzarlo.

– tirar la toalla y abandonar la conquista de aquello que perseguíamos. En esta opción, encontraremos seguridad, tranquilidad, sosiego, ausencia de riesgo. Abandonamos toda posibilidad de alcanzar la meta que nos habíamos propuesto, dejando de ser un poco más nosotros mismos, nos hacemos un poco más opacos y vacíos.  John Lennon dijo «la vida es lo que ocurre mientras estamos ocupados haciendo otros planes», que en esta reflexión encaja en la medida en que la vida está hecha de sueños, de planes. Una vez los sueños y los proyectos desaparecen, la vida como algo que nos llena también desaparece, se convierte en una vulgar espera del final. Un suicidio cotidiano.

Así, pues, tengamos muy presente a Honoré a la hora de evitar un suicidio cotidiano, sacando partido al hecho de haber nacido, que puede ser hacer algo tan complejo como conseguir la fusión fría, o tan simple, como estar rodeados de la gente que amamos y por la que luchar, dejarnos mojar por la lluvia o disfrutar de la sencillez de una conversación imprevista. Ya que estamos aquí, saquémosle todo el jugo al fruto.

Hace tiempo, esta idea me inspiró este poema, que quizás habla del sentido más amplio de la palabra «resignación»:

Nadie preguntó, no se me pidió opinión
De por qué debía yo saltar a la arena a luchar
De si sabría hallar razón para afrontar lo real
O sobre si lo que tengo es en verdad corazón
O más bien soy empujado
Por el soplo de la resignación

Mas no soy de los que viajan a lomos del tiempo
Pero sí de los que lo remolcan
De las aguas que no ven subir la pala al molino
De los que viven sin memoria
Tan sólo la que necesito
Para inventar mientras corro 
Delante del viento
Y para guardar tu fotografía
En la que me miras sonriendo