Día 20

Hoy ha pasado el vigésimo día de cuarentena, la forzosa desde que en España se decretase el Estado de Alarma el día 14 de marzo, más 3 días que nos auto-impusimos.

Los sentimientos, he de decir, son cada vez más extremos, pasando de la tranquilidad al desasosiego a velocidad de vértigo. Estoy intentando aislarme un poco de muchas fuentes de información, para no saturarme y poder dormir un poco por las noches pero es, quizás, lo que más me esté costando de toda esta historia. No por la cuarentena en sí, que la estamos llevando bastante bien, sino porque no soy capaz de gestionar todo lo que me llega desde los medios de comunicación, grupos de Whatsapp, mi familia, amigos… y en ocasiones me tomo mal el que en ámbitos en los que quizás debería primar el esparcimiento, el humor y la desconexión, me lleguen historias alarmistas (ya sean ciertas o bulos) y penas de diversa índole. Luego me doy cuenta de que el problema soy yo dada la situación. Creo que, mentalmente, estoy sobrepasado. No soporto más malas noticias, malos augurios, previsiones nefastas, peligros imprevistos. Soy consciente de lo que tenemos encima de la mesa y lo que está por llegar, pero en mi círculo cercano no ha habido casos graves por ahora, por lo que sólo puedo sentirme afortunado, muy afortunado.

La semana del 16 de marzo estuve con dolor de piernas, tos improductiva, garganta irritada, ligera carga en el pecho, y 38-38.5 ºC de fiebre. Tuve síntomas leves, y creo que pueden casar con la enfermedad que provoca el virus SARS-CoV-2, también llamada COVID-19, y que tantos estragos está causando. En mi caso estaría dentro del 70-80% que no desarrolla una enfermedad grave. Nunca sabré si estuve infectado porque no se están realizando los tests masivos necesarios para saberlo. Llamé al 900 102 112, línea habilitada especialmente para temas relacionados con el coronavirus y me hicieron una serie de preguntas para intentar diagnosticarme por teléfono. La chica que me atendió me dijo que casaba con la enfermedad y que me daban de alta en un fichero para hacerme un seguimiento. Me llamaron después un par de veces en días distintos para ver cómo iba, y saber cuándo superaba la enfermedad que, repito, no sé si fue COVID-19.

¿Por qué insisto en los tests masivos como, por ejemplo, está haciendo Corea del Sur? Parece lógico que una de las claves para frenar una epidemia en su fase inicial de contención es el hacer muchos tests para localizar a personas infectadas y así aislarlas, a ellos y a sus contactos, de manera efectiva. Corea del Sur adquirió experiencia en el brote que tuvo de MERS allá por 2015 [1], y que les hizo diseñar protocolos muy específicos para contener epidemias en sus fases iniciales, y así evitar el colapso sanitario. Han implementado este protocolo para esta pandemia de SARS-CoV-2 [2] mediante anticipación, cerrando espacios públicos en las principales ciudades cuando tenían aún muy pocos casos, puestos drive-through para toma de muestras para analizar a todo el que lo requiera, y seguimiento mediante una aplicación móvil, y utilizando GPS, de la cuarentena a quien lo tenga estipulado (sólo los que hayan dado positivo en las pruebas, hayan tenido contacto con un positivo o tengan síntomas a la espera del resultado). Además hay que tener en cuenta también el carácter del ciudadano surcoreano, responsable y concienciado con estas situaciones, y la transparencia de los organismos públicos que arrojan todos los datos de que disponen. Estos dos últimos asuntos, en España, es lo que veo más complicado de abordar.

Todo esto le ha permitido a Corea del Sur el poder seguir con la mayor parte de su actividad social y económica, no sin perjuicios, claro, pero limitando en gran medida su impacto. Espero que aprendamos para el futuro, y cuando se repita un escenario similar seamos previsores a todos los niveles: político, social, económico, tecnológico y sanitario. En mi opinión, no ha sido el caso esta vez.

En medio de un drama de esta magnitud, de una tragedia sin precedentes desde hace varias generaciones, incluso entonces, estamos obligados a obtener cosas positivas y aprovecharlo en beneficio propio. En una conferencia que tenemos todos los domingos un grupo de amigos ha sido recurrente el tema de cómo en estos tiempos la mente cambia la perspectiva que tenemos de la vida a una velocidad inusual, convirtiendo un proceso que, en condiciones normales, llevaría meses, años, una vida entera, en una transformación que dura días. Todos vamos a aprender muchas cosas valiosas durante este tiempo que estamos viviendo. Y no digo agradables, digo valiosas porque aprender no es siempre un proceso grato, pero se produce inevitablemente por la fuerza de los acontecimientos. Algunas que se me han ocurrido son conocer el valor de lo sencillo, de un abrazo de tus padres, tus hermanos, tus amigos; la necesidad de ser previsor y ahorrar ciertos recursos para malas épocas; la importancia de no estar solo y del calor de una familia; lo efímero que es el bienestar, la tranquilidad, la estabilidad; la fragilidad del ser humano; la bondad y la maldad connatural de muchas personas… Muchas de ellas son susceptibles de ser desarrolladas en posteriores posts, y unos cuantos borradores descansan a la espera.

Acabo con un mensaje de esperanza, de que todo esto, como todas las catástrofes, pasará. En un tiempo lo veremos lejano, la tranquilidad y la estabilidad volverán, y todo el poso de sabiduría que esto haya depositado en nosotros será una ganancia más valiosa que las penurias que podamos haber pasado.

Enlaces de interés

[1] El número de casos por el coronavirus MERS en Corea el Sur alcanza los 150 https://elpais.com/internacional/2015/06/15/actualidad/1434376496_775149.html

[2] El método de Corea del Sur para vencer al coronavirus: de 909 casos diarios a 74 https://www.lavanguardia.com/vida/20200316/474191370262/coronavirus-corea-del-sur-metodo.html

Razonar en tiempos revueltos

Voy a aportar mi visión de todo lo que está ocurriendo en el mundo, más concretamente en Madrid, España. No va a ser, seguramente, muy distinta de lo que ya conoce la mayoría pero necesito desahogarme de alguna manera, y dado que tampoco quiero añadir ansiedad a mis seres queridos, utilizo este medio que siempre ayuda. Por tanto, aviso: esto no es una entrada para tranquilizar a nadie y tampoco para alarmar, por supuesto, sólo una visión más, puede que distorsionada o demasiado realista.

Cuándo tomé conciencia de lo que estaba y aún, en este momento, está por llegar, no lo sé con claridad.

Por poner rápidamente en antecedentes sobre lo ya conocido, en la prensa mundial el asunto empezó a ser público a principios de enero, si no recuerdo mal. Tras las primeras muertes, ya el 22 del mes tenían la ciudad del origen del brote, Wuhan (China), cerrada a cal y canto [1]. Desde aquí lo vimos como algo exótico y con la idea de que aquí no iba a llegar porque estaba allí contenido, incluso habiendo ya casos puntuales en países de la zona o incluso Australia y EEUU. Tampoco quedaba claro cuál era la virulencia y mortalidad que provocaba el virus, muchos medios lo vendieron como una gripe, como que los chinos son así de raros y estrictos. Primer error.

El primer caso en España fue en las Islas Canarias allá por finales de enero [2], y entonces aún lo vi muy lejano. Un caso importado en las Islas lejos de la Península fácilmente controlable y eliminable. Un poco antes estuve investigando sobre el virus muy por encima. Al ser un virus nuevo, la información científica que recavaban los medios era un poco difusa y ambigua, pero parecía que la virulencia y capacidad de contagio entre humanos eran algo mayores a la gripe común. Este virus, además, se contagiaba durante el período de incubación [3] que podía ser inusualmente largo. Ya aquello empezó a hacer preguntarme cosas y de si en China realmente no estaban exagerando, pero aún no veíamos ningún peligro viendo incluso cómo de fácilmente se estaba diseminando por el mundo. Las comparaciones con la gripe común seguían siendo constantes. Segundo error.

Creo que, personalmente, no he sido consciente de la magnitud del problema hasta que en Italia se han ido precipitando los hechos y, a través de los medios y fuentes cercanas, ha llegado la información con cristalina claridad, hará casi 2 semanas. Sí, puede provocar neumonías graves en personas mayores o con patologías previas (mínimo número de casos de no mayores en los que no se detectaron patologías previas), pero la gripe común, en una medida ligeramente inferior, también [4]. El gran problema al que se enfrentan las sociedades a nivel mundial es al hecho de que la altísima velocidad de contagio, en conjunto con la virulencia algo mayor a la de la gripe, provoca el colapso del sistema sanitario que no puede abordar la atención requerida por el alto número de casos graves y muy graves que se dan en un espacio corto de tiempo. Para añadir complicaciones el tiempo medio de resolución es de 2 a 3 semanas, tiempo que un caso necesitado de UCI va a tener bloqueados esos recursos. En Italia llevan ya unos días haciendo triaje en las UCI [5], lo que significa que un paciente mayor a cierta edad o con cierta gravedad en su pronóstico es descartado. Esto equivale a dejarlo morir. Es algo tan dramático que no crees que pueda estar pasando ahora mismo, aquí al lado, y que llegará a España en breve de manera ya inevitable.

Teniendo algo más de 1 semana de diferencia entre el nivel de contagios que tiene Italia, y los que tiene España, aquí aún no se han tomado ciertas medidas que tarde o temprano será necesario tomar. Hoy mismo el Gobierno de España ha decretado el Estado de Alarma, que supone, a grandes rasgos, que se limitan los movimientos de personas, salvo para casos de estricta necesidad, hay que someterse a aislamiento domiciliario forzado. Ya estos días de atrás se han ido adoptando medidas de cierre de centros educativos y de establecimientos públicos de todo tipo (sin anunciarlo conjuntamente con medidas económicas excepcionales, que sería otro tema a tratar), exceptuando mercados y farmacias. El espacio aéreo y toda la red de transportes, a día de hoy, continúan abiertos. Esto, Italia, ya lo ha cerrado, pero aquí lo estamos demorando. Tercer error.

Habría sido necesario, para parar la epidemia en España, cerrar fronteras y adoptar medidas serias de contención mucho antes, y aquí, con 6.400 casos y 195 muertos contabilizados en este momento, seguimos con las fronteras abiertas y mucha gente hoy aún estaba en parques y de paseo. Hace sólo 7 días se organizó una manifestación de 120.000 personas y toda suerte de actos multitudinarios.

Tuit de Mathew Bennett del 15 de marzo de 2020 a las 0:42

Razonando, puedes esperar que nuestra situación va a ser peor que la de Italia.

Hay países que, aplicando estas medidas restrictivas de las que hablo en este momento y concienciando a su población de por qué deben aislarse cuanto antes, podrían tener un nivel de contagios quizás asumible por su sistema sanitario, cada minuto cuenta. Ayer una amiga argentina médica anestesióloga, me enviaba una foto de una sala de espera de un hospital allí llena de gente. Ella es consciente, pero quien está en una sala de espera en un hospital habiendo casos confirmados y sabiendo lo que pasa aquí no lo es, y allí aún están en una fase inicial, con sólo 45 contagios contabilizados oficialmente en este instante.

Ayer, por primera vez, que yo recuerde, no pude dormir en toda la noche y hoy voy por el mismo camino. No soy de preocuparme por situaciones que no se han dado aún, pero esta desborda todo lo imaginable. Nos estamos enfrentando a territorio desconocido, tanto en cuanto a lo científico, social y económico, como a lo psicológico. Dando vueltas a lo que estamos haciendo para «combatir» la epidemia y cómo todos esperamos que se resuelva en unos dos meses, en el mejor de los casos, fui un poco más allá y pensé en el después. ¿Hay una estrategia de salida, como plantea el gran John Müller que pego aquí contestando a un tuit mío?

No consigo ver más allá, nada me dice que no vuelvan los brotes masivos. Hay que abrir fronteras, volver al trabajo, volver a relacionarse, ¿qué va a haber cambiado entonces? El virus no puede ser erradicado completamente siendo ya parte de una pandemia y no contando con vacunas. No siendo virólogo, creo que es fácil de ver. ¿Vamos a volver a este colapso? Tampoco se ha hablado demasiado de la posibilidad que tiene de volverse endémico con las consecuentes mutaciones y su dispersión por el hemisferio norte y sur de manera violenta con los cambios estacionales. ¿Dependemos de las vacunas que puedan, al menos, aliviar la virulencia y no provoquen un colapso en las Urgencias? Si no se consigue desarrollar una pronto, ¿qué va a suceder?

Me van a perdonar las divagaciones, que suelen aportar más inquietudes que una explicación concreta del problema, puede que fruto de la presión psicológica y emocional a la que estoy sometido. Como decía al principio, mi objetivo era desahogarme y escribirlo me ayuda mucho. Si han llegado hasta aquí se lo agradezco.

Después de todo esto, no sé cuándo será, volveremos a otra normalidad. No la que teníamos, sino otra distinta, ya que considero que lo que ya ha ocurrido, está ocurriendo y aún ha de ocurrir, va a ser un reset en toda regla. Cuídense mucho y, sobre todo, cuiden a sus poblaciones de riesgo, y si en sus países aún están a tiempo, guárdense y promuevan la anticipación, porque es imparable.


Enlaces de interés

[1] China aisla Wuhan y dos ciudades más por temor a la expansión del coronavirus: https://theobjective.com/china-aisla-wuhan-y-dos-ciudades-mas-por-temor-a-la-expansion-del-coronavirus/

[2] Primer caso de coronavirus en España: un paciente da positivo en La Gomera: https://www.20minutos.es/noticia/4138164/0/primer-caso-de-coronavirus-en-espana-un-paciente-da-positivo-en-la-gomera/

[3] El español que busca la vacuna del Covid-19 en EEUU: «No vamos a poder parar el virus»: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2020-03-05/espanol-coronavirus-covid19-vacuna_2482907/

[4] Coronavirus o gripe: síntomas, mortalidad y otras diferencias: https://www.elperiodico.com/es/sanidad/20200306/coronavirus-gripe-sintomas-mortalidad-diferencias-7877082

[5] Médicos italianos «obligados» a priorizar en la UCI a pacientes con mejores posibilidades: https://es.euronews.com/2020/03/13/medicos-italianos-obligados-a-priorizar-en-la-uci-a-pacientes-con-mejores-posibilidades

Fotografía de cabecera: 🇨🇭 Claudio Schwarz | @purzlbaum on Unsplash 

Soledad

«Literature is essentially loneliness. It is written in solitude, it is read in solitude and, in spite of everything, the act of reading allows a communication between two human beings.»

Paul Auster.

Paul Auster es uno de mis escritores contemporáneos favoritos. He intentado leerle siempre en inglés, para evitar el efecto «lost in translation», aunque ya sabemos que en España no es sencillo encontrar libros en inglés en las tiendas, que es cuando más ganas tengo de comprar libros. En casa no tengo ese impulso de compra.

La frase que menciono al inicio es parte de lo que siento al escribir, aunque Auster habla específicamente de literatura. Dice que «la literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y, a pesar de todo, el acto de leer propicia una comunicación entre dos seres humanos». Va más allá de la obvia y necesaria soledad que experimenta alguien que escribe algo que no sea una misiva, dedicatoria, etc. Un texto dirigido abiertamente a un público indeterminado se escribe en estricta soledad.

No puede ser coincidencia que en la obra que he podido leer de Auster se respire ese aire de aislamiento voluntario al que se refiere en cada giro del argumento. Incluso tiene un libro titulado «La Invención de la Soledad» (1982) que habla sobre su retiro para meditar sobre la muerte de su padre. Sus personajes nacen de la soledad y su destino es la separación, el desamparo. Si hay una sensación vívida que experimento leyendo sus libros es la de melancolía que es, probablemente, lo que el escritor de Newark pretende transmitir.

Revisando mi blog se puede comprobar que he tenido épocas de mayor actividad y otras de nada en absoluto, incluso durante años. No es que, por capricho o azar, cualquier día sin más me siento a escribir. Es un proceso mucho más complejo del que, ciertamente, no soy consciente del todo, pero sí tengo ciertas pinceladas de qué es lo que estimula la inspiración necesaria para, al menos, tener ganas de escribir.

En mi caso, he detectado que la situación ideal que me empuja a escribir son los sentimientos intensos, cuando algo interrumpe la rutina de manera violenta, un golpe, un giro inesperado sobre algo importante, algo más o menos traumático pero eso sí, intenso. Por suerte o por desdicha, mi profesión no es la de escritor. No sé cómo podría encontrar facilidad de escritura con un contrato de por medio, un tiempo límite de entrega, con un contenido que, además, debería ser atractivo, interesante y ameno independientemente de cómo me sienta. Más para un estilo literario del tipo de la narrativa.

¿Es el escritor profesional una persona que vive permanentemente en la intensidad de sentimientos que le permita elaborar una obra decente? Suena a que es difícil. En mi opinión en ese momento es cuando entra en juego el talento y, aún así, estoy de acuerdo con don Arturo Pérez-Reverte que hace poco escribía en Twitter:

Una historia no se puede fabricar utilizando determinadas técnicas por muy preparado te consideres estar, no es resolver un problema matemático o demostrar una teoría científica. Hace falta el ingrediente indispensable de la inspiración cuya existencia, a mi juicio, no es algo que esté en la mano de nadie de manera consciente.

La resignación es un suicidio cotidiano (Honoré de Balzac)

Dijo Honoré de Balzac, escritor francés del s.XIX, que la resignación es un suicidio cotidiano.

Posiblemente, Honoré no disponía de mucho papel o tinta en aquel momento y por ello dijo tanto en tan pocas letras. O quizás valorara la fuerza de un mensaje breve pero con mucho contenido. ¿Qué quiso decir exactamente? Esta es mi opinión.

Le podemos dar un sentido más amplio, como «resignarse a vivir», amargarse la existencia y también uno más concreto, «resignarse ante dificultades concretas». Basemos, si les parece, el trasfondo de la frase, en el hecho de que la probabilidad de que algo que perseguimos, anhelamos o soñamos, se logre en un primer intento, suele ser muy baja, eligiendo, por tanto, el segundo sentido. Esto nos da dos posibilidades:

– aprender de lo que nos hizo fracasar e intentarlo de nuevo, corriendo el riesgo de experimentar nuevos fracasos sufriendo así notables menguas en la paciencia, el tesón y la capacidad para afrontarlo de nuevo. En este caso la sensación que padecemos es la de inseguridad, pero como contrapartida es posible que recibamos el premio que nos esperaba al final del trayecto. Hemos de comprender que, normalmente, haciendo lo mismo se consiguen los mismos resultados. Para el mismo sistema, cuando las variables obtienen el mismo valor, el resultado es invariable. De manera que algún ligero retoque de nuestro plan se hace indispensable. No del objetivo, sino del modo a utilizar para alcanzarlo.

– tirar la toalla y abandonar la conquista de aquello que perseguíamos. En esta opción, encontraremos seguridad, tranquilidad, sosiego, ausencia de riesgo. Abandonamos toda posibilidad de alcanzar la meta que nos habíamos propuesto, dejando de ser un poco más nosotros mismos, nos hacemos un poco más opacos y vacíos.  John Lennon dijo «la vida es lo que ocurre mientras estamos ocupados haciendo otros planes», que en esta reflexión encaja en la medida en que la vida está hecha de sueños, de planes. Una vez los sueños y los proyectos desaparecen, la vida como algo que nos llena también desaparece, se convierte en una vulgar espera del final. Un suicidio cotidiano.

Así, pues, tengamos muy presente a Honoré a la hora de evitar un suicidio cotidiano, sacando partido al hecho de haber nacido, que puede ser hacer algo tan complejo como conseguir la fusión fría, o tan simple, como estar rodeados de la gente que amamos y por la que luchar, dejarnos mojar por la lluvia o disfrutar de la sencillez de una conversación imprevista. Ya que estamos aquí, saquémosle todo el jugo al fruto.

Hace tiempo, esta idea me inspiró este poema, que quizás habla del sentido más amplio de la palabra «resignación»:

Nadie preguntó, no se me pidió opinión
De por qué debía yo saltar a la arena a luchar
De si sabría hallar razón para afrontar lo real
O sobre si lo que tengo es en verdad corazón
O más bien soy empujado
Por el soplo de la resignación

Mas no soy de los que viajan a lomos del tiempo
Pero sí de los que lo remolcan
De las aguas que no ven subir la pala al molino
De los que viven sin memoria
Tan sólo la que necesito
Para inventar mientras corro 
Delante del viento
Y para guardar tu fotografía
En la que me miras sonriendo

 

Microcuento XIII – El Muro

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Una vez más
Enfrenté una brisa en contra
Gritaba sobre ingratitud
Susurraba versos de hiel

Hablaba de indiferencia
De promesas sin terminar
Y me hizo pensar en cambiar,
Abandonar para rehuir su desdén

– No eres más que aquel viento que palabras lleva,
¿acaso crees que no puedo vadearte y continuar?
¿Crees que va a detener o cambiar mi rumbo
la pretensión de quien no puede dañar?

– No soy más que viento, sí,
pero en muro me alzo a quien ha de escucharme
Mi sombra se alarga sobre las débiles voluntades
de quien no siente cierta la hora de ignorarme

Y dejando que me despeinara, alcé la mirada
Y continué mi sendero hacia la cumbre de la soledad
Donde la vista es clara
Donde se dice todo y no se oye nada

A la deriva

Barco-a-la-Deriva

La deriva que lleva tu boca hacia la mía, la provoca el suspiro de alguna decisión pasada.
En un momento fue rumbo, alcanzable, posible, mientras que parecía remota, inasumible y, sobre todo, irracional y desconocida.
Una separación entre dos deseos mancos y asimétricos, fue otrora la proyección de un abrazo, de una perfecta simetría. Aun lejana.
He ahí el drama del estado natural de las cosas, pues tiende al desorden, rehuye el equilibrio, requiere de energías irreales para no abocarse al caos, a ese lugar bajo el mar donde vive quien no lucha.

Y mis energías se vieron menguadas por el tiempo y la duda, por la tormenta, el vaivén de las olas que luchaban por mantenerme lejos, mientras tu faro desde tierra me enviaba señales confusas. Apenas pude permanecer a flote.

Aprendí que se deben evitar los rumbos marcados por faros de tierras inciertas, ya que, en el mejor de los casos agotarás tus fuerzas en llegar y no las tendrás para volver. En el peor de los casos darás con tus huesos en las rocas merced de la fuerza de tu llamada.

Aprendí que la inmensidad de tus dominios, que bien conoces y mal me orientan, albergan todos los actores que uno pueda imaginar. En uno fui ballena. En otro gaviota. En otro delfín. Y como el mar no es lugar para un lobo como el que en tierra me acompañaba, allí murió ahogado.

El sol salió, y el sol se puso. Tardes de apacible calma, que reflejaba el cielo y se perdía en el horizonte. Otro mar. Otro océano.

La creatividad lo cambió todo

¿De qué sirve memorizar, adquirir y almacenar conocimientos y cultura, si no es para marcar una profunda huella en este mundo gracias a nuestra aportación individual? Aparte de la satisfacción, el crecer como personas, progresar y mejorar en nuestras vidas, ¿no es importante también esa dimensión transcendental que puede llegar a tener la exclusividad de lo que hacemos?

A la mayoría de nosotros se nos inculca, desde que tenemos uso de razón, que es bueno ampliar el intelecto, conocer todo aquello que aún desconocemos, que es bueno tener inquietud por el saber, aún pudiendo ser éste hueco. Y así debe ser, como base para desarrollar nuestro potencial.

Y por eso, el pensamiento que traigo aquí es, ¿cuál es el objetivo?. Más allá de utilizar lo adquirido en las relaciones interpersonales, de nuestro ámbito social y profesional, en el que, obviamente, seremos mejor considerados cuanto más conocimiento acumulemos y he ahí el beneficio principal, el ser humano está dotado del tesoro de la comunicación, la investigación, la filosofía, el arte… que le permite proyectar hacia el mundo aquello que hemos adquirido, con el imprescindible valor añadido de la creatividad. Es un hecho que un actor con grandes capacidades técnicas sin un toque de creatividad -lo que es un profesional-, no es capaz de emocionar, de transmitir sensaciones de la misma manera que un actor que sí aporta un lado innovador, especial, personal -o sea, profesional y creativo-. Así pues, a las preguntas que me hago entorno a por qué escribo este blog, ha aflorado esta razón como una de las respuestas.

Sin entrar a valorar lo bueno o malo del contenido de esta bitácora, tengo la certeza de que aportar mis ocurrencias y pensamientos desordenados, de manera pública, es la mejor manera que tengo de canalizar la energía acumulada por tanta meditación, conclusión e inquietud. Un deseo por transmitir mis conclusiones y que el tiempo que he invertido en ello acabe por tener un sentido, es lo que, en parte, me empuja a publicar. Como explico a continuación, es una característica inherente al ser humano.

¿Qué es la creatividad? Es posible definirlo de manera muy sencilla, diciendo que es la capacidad de crear cosas nuevas que, por cierto, únicamente tiene el ser humano y sin la cual no habría llegado a lo que es hoy. Pero quiero ir más allá. Para mí, la creatividad es nuestro sello personal e intransferible en todo lo que hacemos, que brota de lo más profundo de nuestro ser y convierte aquello que aprendimos en algo único y singular, con capacidad para sorprender e innovar, aportar mayor valor al conocimiento existente, emocionar, hacer expandir otras mentes y cambiar lo establecido. Que tenga capacidad de hacerlo, no significa que lo vaya a hacer, pero debemos ponerlo en circulación y creo que está en nuestra naturaleza hacerlo. ¿No es la base del progreso?.

Probablemente escribir aquí no sirva, en esencia, de absolutamente nada, que nunca conmueva, que nunca motive a alguien a escribir. Es posible que el lector nunca llegue a sentir aquello que me hizo a mí escribir un poema o una reflexión. Pero mi convicción es la de ponerlo a disposición de ustedes. Y si alguna vez lo consiguiera entonces no podría haber invertido el tiempo de mejor manera.

Para terminar, una frase del gran filósofo Sócrates, que viene muy al caso:

Sólo el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento.
Sócrates. 

Los ojos de un niño

Tengo la inmensa suerte de contar, entre los miembros de mi familia política, con una persona de una belleza extraordinaria, que cuenta con habilidades muy peculiares. Es un mago de la vida. Está encargado de mostrar la esencia del ser humano, a través de los eternos ojos de un niño, y dejar un pequeño pero valiosísimo poso de humanidad e inocencia allá por donde va. Capaz de hacer un quiebro a las preocupaciones, tratando de centrarse en las ocupaciones.

No sabe de otro momento en el tiempo más que este, el momento en que te ve entrar por la puerta y viene corriendo a abrazarte, en el que acompañarte a cualquier sitio, en el que reír -porque ríe mucho-, en el que poner la canción que más le gusta, descargársela al móvil, regalarle una linterna, arreglarle un llavero o hacerle una llamada para que suene el tono de su teléfono. Para él es la mayor muestra de amor que puedas ofrecerle. Que estés con él. Sencillo, ¿verdad?.

Últimamente me echa en cara que le hago menos caso, porque están Inés y David, y lo dice sin tapujos. Siente «celos», como los celos que siente el hermano mayor por su hermano menor. Y es lógico. Pero él no sabe que en breve volverá a ser el menor de la familia, y que no tendrá que competir por «el trofeo» de nuestra completa atención.

La manera con la que mis hijos consiguen alegrarme con esa ternura imprevisible, actuando de manera aleatoria y saliendo con preguntas y afirmaciones de lo más peregrinas, pasará. No para él. Siempre le envolverá ese carácter infantil que proporciona una cabeza libre de complejidad de adulto.

Su mente es ligera, liviana, y por tanto ágil a la hora de sonreír, disfrutar de cosas insignificantes para los demás, incapaz de echarse el peso de un prejuicio a las espaldas, el prejuicio de ver diferente lo que al final somos todos. ¿Él es diferente? Discapacitado, le llaman algunos. Privilegiado le llamo yo. Él, como todos, cuenta con algunos privilegios. Pero, en mi opinión, los suyos son más cercanos a los que habrían hecho de la vida algo perfecto si todos contáramos con ellos, un Nunca Jamás. Él es un niño que nunca crecerá. Un niño que estará siempre ahí para recordarme cómo ser Peter Pan.

La encrucijada

Aquí estoy.
Enfrentándome a otra encrucijada como cada día, como quien prepara el café de la mañana, el que recorre el mismo camino al puesto de trabajo.

No siento una determinación urgente y definitiva, entendiéndolo como una decisión sin vuelta atrás, o un punto de no retorno, como el que sobrepasa una aeronave al despegar y tras el cual volar es su única opción sin desastre.

Probablemente, volveré a tener otra oportunidad, mi voluntad la propiciará. Mi escepticismo sobre la existencia de un destino predeterminado me hace pensar que está todo en mi mano y que mi mano atiende a razones, y que mis razones son producto de un análisis calmado e ingenuo. Calmado porque le dedico el tiempo necesario sin injerencia externa. Ingenuo porque hago como si la pasión y mi subjetivo marcados a fuego sobre mi parcela irracional, no interfirieran en el resultado del razonamiento.
Bien sé que todo nace en esta región, a veces inhóspita, a veces olvidada, fluyendo por los ríos de agua helada, de torrente imparable, hacia el mar cálido y salado de lo terrenal, de lo palpable.

Toda decisión, por nimia que parezca, es en realidad un giro en el camino de nuestras vidas. Casi un punto de todo sueño en el que, o bien deja de serlo, o bien pasa a ser sueño eternamente. Una elección de algo que da de lado otras muchas cosas. Elegir es, sobre todo, descartar.

En la rutina elegimos todos los días lo mismo, y una parte de la elección se hace automáticamente en virtud de la seguridad y la tranquilidad.
En lo excepcional elegimos riesgo en mayor o menor medida, en virtud de obtener algo más valioso que el posible coste de equivocarnos. La percepción de cómo de grande es el riesgo, o cómo de valiosa es la recompensa, varía de una persona a otra, pero todos elegimos, constantemente. El éxito radica en lo buena que sea esta percepción en comparación con la realidad final.

Pulsar «Draft» o «Publish». Guardarlo para mí o exponerme.

Quizás sabréis lo que hice, o quizás no.

Nochevieja, la medida del tiempo y el amor

10

Relojero en la torre del reloj de la Puerta del Sol de Madrid (antena3.com)

 

Hoy ya es 1 de enero de 2015. Ayer era aún 2014, y hoy sumamos 1 año más. Todo 1 año.

Ayer podíamos estar relajados porque hasta hoy no teníamos que poner en funcionamiento nuestra voluntad para acometer los compromisos que hayamos escogido para este año. A las 23:59 no había ninguna obligación, no había contrato firmado con nuestra conciencia. Un minuto después es tiempo de juego.

El tiempo es una medida inventada por el hombre para medir la duración de los acontecimientos de forma unificada. ¿No parece un tanto absurdo que la manera de gobernar nuestras vidas se mida por la llegada de un día concreto, un mes, un año? ¿El buscar la manera de mejorar no debería ser algo sin tiempos o agenda?

Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta…

(Walt Whitman)

Nunca he sido de seguir procedimientos rituales para asegurar la «suerte». Siempre creí que la probabilidad de recibir alguna dosis de suerte es directamente proporcional a la pasión depositada, al trabajo realizado, a la acción, al movimiento, a tu yo diciéndose «voy a por ello». No así a llevar ropa interior de color roja, a entrar en el año con el pie derecho, a comer las doce uvas o cientos de rituales que se llevan a cabo a lo largo y ancho de nuestro planeta con razón de que pase el segundo 23:59:59 del día 31 de diciembre.

Conversé con mi hermana sobre este hecho, precisamente ayer, y concluimos que estamos de acuerdo en que la vida debe medirse por etapas, por acontecimientos personales, oportunidades, cambios de parecer, sentimientos que afloran…

Y ayer, a las 0:00 del 1 de enero del 2015, mi hija Inés, en medio de la emoción que le provocó a una niña de 4 años el felicitarnos el año de un modo tan efusivo, me dijo de la manera más espontánea, mirándome a los ojos, «te quiero, Papá».

Después de todo, es posible que el tiempo y el amor estén conectados de alguna manera.