¿Quién es Hervé Le Tellier?

Hervé Le Tellier (París, 1957) es un escritor, periodista científico y matemático francés. Desde 1992 forma parte de Oulipo (Ouvroir de Littérature Potentielle), el grupo literario fundado por Raymond Queneau y François Le Lionnais que concibe la escritura como un juego de restricciones formales, y del que es su cuarto presidente.
Ha colaborado con medios como Le Monde y France Culture. Con La anomalía (L’Anomalie, 2020) ganó el Premio Goncourt ese mismo año, y la novela superó el millón de ejemplares vendidos en menos de doce meses, un fenómeno poco habitual para un libro con tanta ambición formal.
Hay premisas que parecen ciencia ficción de manual y que, sin embargo, esconden debajo una pregunta filosófica incómoda. La anomalía arranca como un thriller aéreo —un vuelo de París a Nueva York que aterriza dos veces, con tres meses de diferencia y los mismos 243 pasajeros a bordo— pero lo que de verdad pone patas arriba es mucho más simple y mucho más aterrador: ¿qué pasaría si un día te cruzaras con otra versión de ti mismo, con tus mismos recuerdos hasta el minuto exacto de la duplicación, y alguien tuviera que decidir cuál de los dos tiene derecho a seguir viviendo tu vida?
Le Tellier construye la novela como un mosaico de género: entre un reparto coral que incluye a un sicario, una estrella del pop nigeriana y un escritor de éxito discreto, cada pasajero recibe su propio capítulo, y cada capítulo adopta las reglas de un género literario distinto —la novela negra, la comedia, el drama epistolar, la crónica periodística—. No es un capricho formal gratuito: siendo Le Tellier presidente de Oulipo, el grupo que entiende la literatura como un juego de restricciones, tiene sentido que la arquitectura misma del libro sea parte del experimento.
A medida que la anomalía se hace pública, la novela se desplaza de lo íntimo (cómo encaja cada personaje a su duplicado) a lo colectivo: comités de científicos intentando explicar lo inexplicable, una reunión de líderes religiosos incapaz de ponerse de acuerdo sobre qué significa tener alma si hay dos cuerpos con la misma, y un presidente de Estados Unidos que trata el asunto como una crisis de seguridad nacional antes que como el mayor interrogante metafísico de la historia humana. Ese vaivén entre lo microscópico y lo macroscópico es, para mí, el gran acierto estructural del libro.
Pero donde La anomalía realmente golpea es en las preguntas que no necesitan avión duplicado para tener sentido: ¿somos la suma de nuestras decisiones o solo de nuestra memoria hasta el último segundo compartido? Si mañana apareciera un yo idéntico a mí, con los mismos recuerdos y las mismas dudas, ¿en qué momento empezaríamos a ser personas distintas? Le Tellier no ofrece respuestas cómodas, y ahí reside buena parte de la incomodidad —productiva— de la lectura.
Del lado menos favorable, con un reparto tan numeroso es inevitable que algunas líneas argumentales queden mejor resueltas que otras; a mí, personalmente, los capítulos corales de científicos y políticos me interesaron bastante menos que los hilos más íntimos, donde el libro respira mejor. Y el desenlace, sin destripar nada, opta por una ambigüedad que a algunos lectores les parecerá elegante y a otros, una salida un poco fácil tras tanta acumulación de tensión.
Aun así, entiendo perfectamente por qué el jurado del Goncourt 2020 premió esta novela y por qué superó el millón de ejemplares en su primer año: es de esos libros que se leen con el ritmo de un thriller y que, sin que te des cuenta, te dejan pensando en la ducha varios días después. Rara vez un artefacto tan estructuralmente ambicioso resulta, al mismo tiempo, tan compulsivamente legible.
La anomalía no es una novela sobre aviones duplicados. Es una novela sobre lo que descubrimos de nosotros mismos cuando dejamos de ser los únicos protagonistas de nuestra propia historia.