La Sele

Estos días está mi hermanita Paula con los exámenes de Selectividad.
 
Hoy tiene Lengua, Filosofía y Francés, es decir, los tochos que te empiezan a interesar cuando no te obligan a estudiarlos.
 
El recuerdo que tengo yo de esos 3 días permanece imborrable. El hecho de que por una vez los exámenes te los pongan unos tíos todavía más estirados que tus propios profesores y en un edificio aún más triste que tu instituto (hay Universidades que serían escenario perfecto para Prison Break) …la verdad es que impone.
 
Relajarse haciendo algo que normalmente estés habituado a hacer ayuda mucho. Por ejemplo, recuerdo aquel pedazo de globo aerostático que había atado en el paraninfo, enfrente de Biología donde yo hacía el examen, a modo de publicidad de una academia (qué majetes).

No se nos ocurrió otra cosa que empezar a tirar de la cuerda para bajarlo, y así, que subiera a toda leche. Resulta que el dueño estaba por allí y por poco quiso hacernos perder todo lo que habíamos estudiado para aquel día a base de leches. De esta manera, entramos bastante relajados al primer examen (Matemáticas si no me falla la cacerola).  

Los nervios afloran la noche anterior a que empiece la tortura. No estoy al tanto de qué peso tiene ahora mismo la Selectividad, pero en mi época (hablo como mi abuelo) tenía el suficiente como para arruinar tu vida académica. ¿Qué sentido tiene? simplemente, barrer del mapa universitario a la gente que no se lo haya currado o que no tenga vocación estudiantil, y con la barrida se producen daños colaterales causados por una bajada de tensión, la regla, un corte de digestión debido a los nervios, o la corrección hecha con un dado de veinte caras…sigue siendo muy injusto.
 
A medida que progresa mi andadura por el mundo laboral, me doy más cuenta de que el tener unos u otros estudios no es determinante en absoluto para triunfar, así que, Luli, no te preocupes y relájate, serás lo que quieras ser.
 
Ánimo.